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Quizá no apuestes en máquinas tragamonedas, pero los videos que ves en redes sociales producen el mismo efecto en tu cerebro
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- Category: Hi Tec
- Publicado: 16 Marzo 2026
- Escrito por Redacción

Un estudio realizado por la Universidad de Stanford y el MIT reveló que ver videos cortos en redes sociales como TikTok, Instagram o YouTube produce en el cerebro un efecto similar al de las máquinas tragamonedas. La investigación analizó el comportamiento de más de 50,000 usuarios en distintos países.

El mecanismo central: la recompensa variable
El fenómeno fue descrito originalmente por el psicólogo B.F. Skinner entre 1938 y 1953, cuando demostró mediante experimentos que los animales presionaban una palanca con mayor frecuencia cuando la recompensa aparecía de forma irregular. Los sistemas basados en este principio —como las máquinas tragamonedas— generan una expectativa permanente: cada intento podría ser el que finalmente dé resultado, manteniendo la mente en una tensión anticipatoria constante.
El algoritmo funciona así: la mayor parte del contenido resulta irrelevante, pero ese 10% que genera risa, sorpresa o identificación provoca un pico de dopamina, obligando al cerebro a buscar la siguiente "victoria" visual.
La trampa de los 1.8 segundos
Según el estudio, un usuario decide en menos de 1.8 segundos si un video le interesa o no. Este ritmo constante de estímulos rápidos puede agotar la corteza prefrontal, la región del cerebro vinculada al autocontrol y la toma de decisiones.
Un algoritmo diseñado para engancharte
El algoritmo aprende qué tipo de estímulo mantiene al usuario pegado a la pantalla —ya sea humor, indignación, sorpresa o curiosidad— y bombardea con él. Con el tiempo, el cerebro se acostumbra a estos microestímulos de dopamina, necesitando cada vez más para sentir el mismo placer. Esto constituye, según los expertos, un proceso de tolerancia y dependencia.
Efectos concretos en el cerebro
La adicción a videos cortos aumenta la actividad en las regiones de recompensa y emoción, provocando diferencias estructurales en la corteza frontal y elevando la impulsividad. Esto se suma al deterioro de la memoria, fallos en la retención a largo plazo y peor rendimiento de atención. Este ciclo, impulsado por la dopamina, fomenta un consumo interminable —fenómeno conocido como doomscrolling— que mantiene al usuario en un estado de hipervigilancia vinculado a niveles elevados de ansiedad, estrés y fatiga cognitiva.
Quiénes son más vulnerables
El cerebro adolescente es biológicamente más vulnerable a este mecanismo porque su sistema de autocontrol aún no está completamente desarrollado. El patrón puede condicionar al cerebro a buscar estímulos cada vez más breves, intensos y frecuentes, disminuyendo la tolerancia al aburrimiento y a tareas que requieren concentración sostenida
Imagen ilustrativa: ChatGPT / Información: Claude